lunes, 13 de febrero de 2017

Pues no, no te voy a negar que cuando tuve que aceptar aquella estúpida decisión que tomaste, me doliese... incluso creí que nunca más levantaría cabeza. Llámame imbécil, pero llegué a pensar que si no era contigo, yo no quería estar. De esos pensamientos tontos que se tenían en el romanticismo, ya ves. Y sí, quizás sea descabellado compararme con alguna figura de esa época, pero yo soy muy de sentir de golpe, y sentir bien. A veces me hago daño a mí misma, pero soy feliz queriendo totalmente y no solo a medias, como tú me tenías acostumbrada.

Ahora estoy frente a una de tus fotos. Es cierto que intenté deshacerme de todas, pero ya sabes... siempre hay algo que permanece. Estar en esta situación ahora, me hace comprender que tal vez no estoy tan mal como llegué a creer que lo estaría. Tal vez comience a pensar un poco más en lo que tengo frente a las narices y no lo que nunca tuve, que fuiste tú. Y, a pesar de todo, aunque nunca lo haga a la cara, te quiero dar las gracias por ayudarme, aunque de una manera fría y rastrera, a sentirme mejor, a pensar más en mí y, sobre todo, a buscar mis objetivos y mis sueños. Los tenía, sí, pero estaban ocultos por los tuyos.

Ahora, por fin, puedo pensar por mí, soñar por mí y vivir solo y para mí.

jueves, 19 de enero de 2017


Jovial y triste invierno
Hacía mucho que no nevaba... tanto que no recuerdo haber visto nevar contigo. Has tenido que irte, has tenido que alejarte para que del cielo comenzasen a caer copos tan grandes como la sensación de dolor que dejaste impregnada en mi habitación. Y no sé si debo o no alegrarme de ello. No sé si debo tomármelo como un cambio, como una renovación que ya llevaba necesitando mi vida, o bien como un símil de felicidad fracasada. Sí, algo así como que nunca conseguí hacerte feliz igual que nunca el cielo consiguió despegar sus copos mientras estábamos juntos. Lo único que sé es que nunca pude reírme a carcajadas mientras mi mirada se repartía entre tu cara y el cielo cuando el paisaje comenzaba a blanquecer, sin embargo.. eso importa poco ya.


Nunca volveré a fiarme de nadie si la nieve no consigue garabatearnos el corazón al menos una vez en la vida.